Un trabajo bien hecho

Se sacudió las manos y dio un par de pisotones para desprenderse la tierra de los zapatos.

No fue tan difícil finalmente.

Enterró su sueño después de participar en el taller de escritura.

En un acto final de valentía le entregó su manuscrito al profesor.

Esperó, pero solo recibió silencio.

Ahora liberó en un suspiro toda la ira que le devoraba desde hacía un mes, cuando leyó su nuevo libro.

El cabrón se lo tenía merecido.

Se echó la pala al hombro y se alejó silbando.

Participación en el II concurso de microrrelatos El taller de escritura Fuentetaja

https://clubdeescritura.com/convocatoria/2concurso-microrrelatos-taller-escritura/leer/2856288/un-trabajo-bien-hecho/

Olas en la Sierra

Amo el agua

incesantemente inquieta

buscando solaz en la arena,

filtrándose inaccesible

hacia el corazón de la tierra.

.

Amo el mar,

la sal perlada de las olas

y el rumor que se mece

en su rítmico vaivén.

.

Amo la luz

de los destellos hirientes

de la tarde veraniega

que enrojecen luego

para, tenues, latir bajo la luna.

.

Amo el mar,

el horizonte infinito

que siluetea el mundo

prendiendo joyas azules

en la cintura de la noche.

Amo el mar.

Odio los dientes

que castañetean incontrolados

en el cuerpo insensible

que se aferra a la vida

asido a una tabla.

.

Odio la tabla

huyendo de las manos

que como garfios

intentaban retenerla.

.

Odio la gravidez

del cuerpo que se hunde

y la flotabilidad

del que emerge.

.

Odio la voracidad del mar

que apresa,

devora y no devuelve.

.

Odio la espera

junto al mar.

Odio el frío

helado de la piel

del escalador muerto.

.

Odio la juventud

en su rostro

eternamente fotografiada.

.

Odio el agua

que arrebatadora fluye

por la garganta

que engullendo, grita

el nombre de otro aventurero.

.

Odio la roca

que resbaladiza mata

cuando, atractiva, invitó a subir

y traicionera ríe.

.

Odio el árbol milenario

que impasible asiste

al último estertor

del perdido caminante

que osó adentrarse

en la intimidad del bosque.

.

Odio la frialdad

y la muerte

de la montaña.

Amo el aire

que transparente porta

oxígeno y vida.

.

Amo la altura

que invita a descender

planeando, y a subir

en la cálida corriente

que emana de la tierra.

.

Amo la piedra

que impávida observa

el discurrir del tiempo

y lejos de ser inamovible,

cambia,

se despereza siendo montaña

y se duerme en la ladera.

.

Amo el reto de la altura

y la indómita

esbeltez de la montaña.

.

Amo y odio el mar y la montaña

la montaña y el mar.

Teresa Posada Domínguez

Grazalema de Sal

Somos lo mismo

Todos los seres somos

configuraciones temporales,

frágilmente preciosas

en el instante en que vibramos,

con una frecuencia única.

Somos luz,

somos música,

somos polvo de estrellas

que existimos fugazmente

… mientras sonamos.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora