Olas en la Sierra

Amo el agua

incesantemente inquieta

buscando solaz en la arena,

filtrándose inaccesible

hacia el corazón de la tierra.

.

Amo el mar,

la sal perlada de las olas

y el rumor que se mece

en su rítmico vaivén.

.

Amo la luz

de los destellos hirientes

de la tarde veraniega

que enrojecen luego

para, tenues, latir bajo la luna.

.

Amo el mar,

el horizonte infinito

que siluetea el mundo

prendiendo joyas azules

en la cintura de la noche.

Amo el mar.

…

Odio los dientes

que castañetean incontrolados

en el cuerpo insensible

que se aferra a la vida

asido a una tabla.

.

Odio la tabla

huyendo de las manos

que como garfios

intentaban retenerla.

.

Odio la gravidez

del cuerpo que se hunde

y la flotabilidad

del que emerge.

.

Odio la voracidad del mar

que apresa,

devora y no devuelve.

.

Odio la espera

junto al mar.

…

Odio el frío

helado de la piel

del escalador muerto.

.

Odio la juventud

en su rostro

eternamente fotografiada.

.

Odio el agua

que arrebatadora fluye

por la garganta

que engullendo, grita

el nombre de otro aventurero.

.

Odio la roca

que resbaladiza mata

cuando, atractiva, invitó a subir

y traicionera ríe.

.

Odio el árbol milenario

que impasible asiste

al último estertor

del perdido caminante

que osó adentrarse

en la intimidad del bosque.

.

Odio la frialdad

y la muerte

de la montaña.

…

Amo el aire

que transparente porta

oxígeno y vida.

.

Amo la altura

que invita a descender

planeando, y a subir

en la cálida corriente

que emana de la tierra.

.

Amo la piedra

que impávida observa

el discurrir del tiempo

y lejos de ser inamovible,

cambia,

se despereza siendo montaña

y se duerme en la ladera.

.

Amo el reto de la altura

y la indómita

esbeltez de la montaña.

.

Amo y odio el mar y la montaña

la montaña y el mar.

…

Teresa Posada Domínguez

Grazalema de Sal

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